Wes Streeting, secretario de Defensa británico. (Foto: Reuters)
Londres volvió a apelar al referéndum de 2013
La posición británica vuelve a tener como uno de sus principales argumentos el referéndum realizado en las islas en marzo de 2013, cuando una abrumadora mayoría de los votantes respaldó mantener el estatus de territorio británico de ultramar.
Ese plebiscito es rechazado por la Argentina, que sostiene que la disputa no debe resolverse mediante la autodeterminación de los actuales habitantes del archipiélago, sino a través de negociaciones bilaterales entre Buenos Aires y Londres por la soberanía.
Ese fue, precisamente, uno de los puntos que Milei volvió a remarcar durante su mensaje. El Presidente aseguró que “las Malvinas son argentinas, por historia y por derecho” y sostuvo que la población actual fue implantada luego de la ocupación británica de 1833.
A partir de esa interpretación, planteó que los isleños no tienen un derecho legítimo a la autodeterminación que pueda resolver la disputa de soberanía, por lo que consideró inválidos los argumentos basados en consultas realizadas en el archipiélago.
Secretario de Relaciones Exteriores británico: "La posición es inquebrantable"
El secretario de Relaciones Exteriores, Ed Miliband. (Foto: Reuters)
La reacción del Reino Unido no se limitó al área de Defensa. El secretario de Relaciones Exteriores, Ed Miliband, también ratificó públicamente la postura de Londres.
“La posición del Reino Unido sobre las Islas Malvinas es inquebrantable”, sostuvo el funcionario, quien agregó que las islas continuarán siendo británicas mientras esa sea la voluntad de sus habitantes. Miliband ocupa la conducción del Foreign Office desde julio de 2026.
De esta manera, el Gobierno británico buscó enviar una señal política clara pocas horas después de los anuncios argentinos: Londres no considera abierta a negociación la soberanía mientras los isleños mantengan su actual posición.
Una fuente de Downing Street citada por la BBC también minimizó el discurso de Milei y defendió que, desde la perspectiva británica, la autodeterminación de los habitantes de las islas incluye el derecho a explotar sus recursos naturales. Ese punto se convirtió en uno de los ejes centrales de la nueva escalada diplomática.
Petróleo en Malvinas: el eje que volvió a tensar la relación
Durante su cadena nacional, Milei puso especialmente el foco sobre la explotación de hidrocarburos en las aguas próximas a las islas. Anunció que el Gobierno buscará endurecer las sanciones contra empresas que participen de actividades petroleras sin autorización argentina, mientras avanza el proyecto Sea Lion, desarrollado por Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration.
El yacimiento contiene recursos potenciales de gran magnitud y las compañías involucradas mantienen su cronograma pese a las advertencias de Buenos Aires.
Milei advirtió que la explotación petrolera profundizaría la presencia británica en el Atlántico Sur y sostuvo que la Argentina debe actuar antes de que exista una capacidad efectiva de extracción a gran escala.
Londres, en cambio, respalda que los isleños exploten esos recursos y vincula esa potestad con el mismo principio de autodeterminación que utiliza para defender el estatus político del territorio.
Los “vientos de cambio” y la carta de Donald Trump
Otro de los ejes del discurso presidencial fue el cambio de escenario internacional que Milei cree advertir en torno a Malvinas. El mandatario mencionó especialmente las recientes declaraciones de Donald Trump, quien confirmó que su administración está revisando la posición de Estados Unidos sobre la disputa por las islas.
Hasta ahora, Washington no anunció un cambio formal. Trump se limitó a señalar que está reevaluando la postura estadounidense, históricamente neutral respecto de la soberanía, sin anticipar cuál será la conclusión de ese análisis.
Milei interpretó esas declaraciones como una señal favorable y aseguró que se están produciendo “vientos de cambio” alrededor del reclamo argentino.
Sin embargo, el Reino Unido respondió con dureza y buscó despejar cualquier duda sobre su propia postura. La posición británica, según sus principales funcionarios, continúa siendo la misma: las islas permanecerán bajo administración británica mientras sus habitantes así lo quieran.