Uno de los puntos más delicados que investiga la Justicia es si Mía sufría bullying en el colegio donde estudiaba. La joven asistía al turno nocturno, una modalidad muchas veces elegida por estudiantes que enfrentan desafíos particulares, ya sean laborales, sociales o familiares.
Una fuente cercana al caso, consultada por Diario Época, señaló que “hay versiones que indican que Mía era hostigada por compañeros, pero eso aún debe ser confirmado”. El fiscal Ramón Alfredo Muth, a cargo de la causa, solicitó peritajes sobre sus redes sociales y entrevistas a personas del entorno escolar.
Los investigadores también analizan si existían registros de denuncias previas en el establecimiento educativo. De momento, las autoridades del colegio no emitieron declaraciones públicas. La comunidad educativa, por su parte, organizó una vigilia en homenaje a Mía, aunque el silencio institucional genera malestar entre algunos sectores.
Otro dato que llamó la atención de los investigadores fue que el cuerpo de Mía permaneció más de 12 horas en la morgue antes de ser reclamado por sus familiares. Para muchos, este detalle no es menor: podría sugerir una relación distante o conflictiva con su núcleo familiar.
Fuentes judiciales confirmaron que se está indagando si existían tensiones en el hogar debido a su identidad de género. “No se puede descartar que haya habido presión o falta de acompañamiento”, afirmó un funcionario vinculado a la causa. Aunque aún no se conoce con certeza la dinámica familiar de la joven, la demora en reclamar el cuerpo abrió una nueva línea de investigación.
La muerte de Mía se suma a una larga lista de casos en los que personas trans viven en contextos de extrema vulnerabilidad. Según un informe del INADI, la esperanza de vida de una persona trans en Argentina ronda los 35 años, una cifra alarmante que pone en evidencia los obstáculos que enfrentan a diario: discriminación, exclusión laboral, violencia institucional y familiar.
La ley de Identidad de Género en Argentina, pionera a nivel mundial, garantiza el derecho a ser reconocido con el nombre y el género autopercibido. Sin embargo, eso no garantiza protección efectiva en todos los ámbitos, sobre todo cuando los prejuicios persisten dentro de las escuelas, familias y barrios.
En contraste con el caso de Mía, se conoció también la historia de Nikkita Slayer, una joven trans de 22 años que, pese a haber enfrentado rechazo y abuso intrafamiliar, logró rearmar su vida. A los 19 años fue echada de su casa luego de iniciar su transición. Vendió su auto, usó sus ahorros y comenzó a generar ingresos mediante la venta de contenido erótico en OnlyFans.
Nikkita pasó por diez cirugías estéticas, incluyendo feminización facial y aumento mamario. Lo hizo, según sus palabras, porque “necesitaba sentirme segura en la calle y respetada como mujer”. Hoy vive sola en Capital Federal y comparte su día a día en un vlog donde habla de sus viajes, cirugías y su lucha por el reconocimiento.
Aunque sus caminos fueron distintos, tanto Mía como Nikkita exponen el riesgo emocional y físico que muchas chicas trans enfrentan, especialmente cuando no cuentan con apoyo familiar ni contención institucional.
Para muchas personas del colectivo LGBT+, el caso de Mía refleja una realidad estructural de abandono. Si bien aún no se ha determinado si se trató efectivamente de un suicidio, lo cierto es que su historia activó una fuerte reacción social. Organizaciones de derechos humanos y diversidad pidieron una investigación exhaustiva y convocaron a una marcha en Bella Vista para exigir justicia.
“Queremos saber qué pasó realmente. No vamos a aceptar una etiqueta de ‘suicidio’ sin investigar todo el contexto. Mía merecía vivir y merecía respeto”, afirmó en redes sociales una militante del colectivo trans local.
Además, en la ciudad de Corrientes se proyecta realizar una jornada de reflexión en las escuelas con enfoque en diversidad, a raíz de este hecho. Las autoridades educativas ya están siendo contactadas por ONGs que piden protocolos más estrictos contra el bullying y mayor acompañamiento a estudiantes trans.
Hasta el momento, el caso de Mía Gutiérrez permanece abierto. La carátula de “supuesto suicidio” podría cambiar si surgen pruebas de acoso, violencia o abandono.
Lo cierto es que, detrás del hecho trágico, hay una historia que interpela: una joven que intentaba terminar la escuela, que vivía su identidad con valentía, y que murió en soledad, con más preguntas que respuestas.
En Argentina, ser trans sigue implicando una lucha constante por el derecho a existir, estudiar, trabajar y simplemente vivir. Y cuando el sistema no responde, el silencio se vuelve cómplice.