“Tenemos mucho miedo y mucho dolor. Por la familia de la nena, por mi hermano también, porque sé cómo es, pero es mi hermano al fin y al cabo”, agregó, dejando en claro el dilema emocional que atraviesa.
A pesar del vínculo familiar, Belén aseguró que fueron ellos mismos quienes decidieron entregarlo a la policía. La joven, visiblemente afectada, pidió disculpas públicamente a los familiares de Kim en nombre de su padre.
“Quiero dejar en claro que nosotros lo entregamos a la policía. Le queremos pedir disculpas a la familia de la nena, en nombre de mi papá, que es un hombre de trabajo, es ferretero”, explicó.
El crimen de Kim Gómez no solo sacudió a la comunidad platense, sino que también expuso una dura realidad: la lucha de una familia contra las adicciones y la delincuencia.
Belén reveló que su hermano tenía problemas de adicción y que intentaron ayudarlo de diversas maneras, aunque sin éxito.
“Mi hermano estaba muy perdido en la droga y lo quisimos ayudar de todas las maneras posibles. No optamos por internarlo porque no nos parecía lo mejor, pero le dimos otras oportunidades”, confesó.
Sin embargo, el adolescente continuó por el camino equivocado, poniendo en peligro a su propia familia. “Él no quería hacer las cosas bien, pero hasta a mi papá le robó y ya no sabíamos qué hacer”, agregó.
El miedo ahora domina a la familia, que teme represalias y vive con la incertidumbre de lo que vendrá. “Mi papá tiene una vida y tiene que salir a trabajar. También tengo otra hermana chiquita. No queríamos que pase esto”, lamentó Belén.
El dolor y la impotencia también se hicieron presentes en las palabras del padre del acusado, quien no dudó en dirigirse directamente a la familia de Kim para pedirles disculpas.
“Le pido disculpas y los acompaño en el sentimiento. Sé que las disculpas no van a hacer volver a su hija, pero él me pidió que vaya a hablar con él y fui al cementerio a pedirles disculpas en persona”, aseguró el hombre, quien también dejó en claro que su hijo debe enfrentar las consecuencias de sus actos.
“Él va a pagar lo que hizo, que se queden tranquilos. Siento mucha bronca, porque culpa de él estamos pasando esto”, expresó.
A lo largo de los años, intentó ayudar a su hijo de distintas formas, pero nada funcionó. “Me cansé de hablarlo, no le falta nada, le di una casa y se la tuve que sacar por cómo la estaba destruyendo. También le di una moto, un auto, siempre se lo aconsejó, pero nada ayudó”, explicó.
En su mensaje final, fue contundente sobre lo que espera de la justicia: “Le pido a la Justicia que no lo suelten, a ninguno de los dos. Y si se tienen que pudrir en la cárcel, que se pudran”, sentenció.
El caso de Kim Gómez generó una profunda indignación en la sociedad y reabrió el debate sobre la inseguridad y la criminalidad juvenil en Argentina. La familia del menor detenido quedó atrapada entre el dolor por la víctima y la responsabilidad de un hijo y hermano que cruzó todos los límites.
Mientras tanto, la comunidad exige justicia por Kim, cuya muerte dejó una herida imborrable en la ciudad de La Plata.