“Me llamó para pedirme perdón. Quiero que vengas, y me digas a la cara lo que me dijiste por teléfono. Tené coraje para enfrentarte a mí, a ver si sos sincero. Tu hijo me la mató”, desafió, mirando fijamente a la cámara mientras su rostro reflejaba una mezcla de impotencia y rabia contenida.
El padre de Kim no se quedó allí, y continuó con un gesto que reflejó tanto su dolor como su necesidad de justicia. “Quiero que vayas a despedir a mi hija. ¿Sabés qué le gusta? Le gustan los capibaras. Llevale un capibara, mi hija se lo merece.” Con estas palabras, Marcos hizo un llamado a la humanidad del hombre, invitándolo a que se presentara en el cementerio para dar el último adiós a su hija y rendirle homenaje.
En sus últimas palabras, la conmoción y el sufrimiento eran evidentes. “Sé que soy fuerte, pero me siento mal, soy como un niño, estoy destrozado, se me parte el alma, me llevaron a mi nenita. No me dejen solo.” Con esas frases, Marcos abrió su corazón al mundo, mostrando su vulnerabilidad y desesperación en un momento irreparable.
Por otro lado, el padre de uno de los detenidos, Héctor, también habló sobre los eventos que involucraron a su hijo. Ayer, Héctor no solo asumió la responsabilidad de la situación, sino que también mostró su rechazo hacia lo sucedido. “Que se pudra en la cárcel y que pague por lo que hizo,” afirmó, dejando en claro su postura frente al crimen.
El hombre relató cómo fue él quien entregó a su hijo a la policía. “Yo mismo los llevé en el patrullero a la casa del chico, y les dije que era el que estaba con mi hijo anoche,” detalló. Estas palabras evidencian la confrontación interna de un padre que, pese a ser responsable de entregar a su hijo, también siente la carga de lo ocurrido.
El asesinato de Kim Gómez sigue conmocionando a la comunidad de La Plata, donde la historia de dos padres, uno en duelo y el otro enfrentando las consecuencias del accionar de su hijo, muestra la complejidad del dolor, la justicia y la redención.